Roma 1929-1989. Mundialmente conocido por su trilogía de culto denominada spaguetti westerns: "Erase una vez el Oeste", "El bueno, El Malo y El feo" y "Por un puñado de dólares" y por dar a conocer a dos futuras personalidades del cine: Ennio Morricone y Clint Eastwood. En las tres películas trabajó como director. En cambio, en Erase una vez en América (película ambientada en el Nueva York de los años 20) fue guionista y director al mismo tiempo.
La lista de personalidades que trabajaron a su cargo es inigualable: Roberto de Niro, Claudia Cardinale, Clint Eastwood, James Wood, Joe Pesci, Danny Aiello, Henry Fonda, Charles Bronson, Lee Van Cleef, Gian María Volonté, Klaus Kinski, Eli Wallach, Jason Robards, Jennifer Connelly y tantos otros más.
The Stanley Kubrick Archives, El resplandor de un genio
Salazar, Carlos
"Fue uno de los hombres raros que trastocan la historia y moldean el destino de su época y las generaciones venideras en un sentido muy concreto", dijo Kubrick como excusa para empezar a filmar la vida de Napoleón. Con esa cita la publicación de The Stanley Kubrick Archives comienza este homenaje. Una colección de documentos y fotografías que nos acercan al director en todas sus formas. Un libro enorme, lujoso y detallista como el cine del mismo Kubrick.
El avaro. El trabajólico. El viajero. El soldado. La muerte. El director. Las distintas imágenes en las que Stanley Kubrick se transfigura a lo largo de su perfecto Vía Crucis fílmico, como las cartas de un tarot en blanco y negro, desfilan a través de 1.500 fotografías y archivos inéditos recién publicados por la casa de Benedikt Taschen. La colosal muestra The Stanley Kubrick Archives narra, en formato XXL y por el precio de un sueldo mínimo, desde los orígenes del niño fotógrafo, del cabro chico cimarrero amante del cine, dios de mármol, creador obstinado, hasta la relación literaria con todas sus películas, incluso aquellas de las que Kubrick se avergonzaba como la bastarda Fear and desire, que él mismo se encargó de sacar de circulación.
"El rodaje de una película no siempre es divertido, pero si te importa la película, eso es lo de menos. Podría compararse a tener que cambiarle los pañales a tu bebé" dijo alguna vez Kubrick. Aún así pocos le recuerdan con ese aire paternal. Algunos siguen viendo al director como Mr. Grady, el asesino de El Resplandor, ese que recomendaba "corregir a la gente" hacha en mano, pero acá blandiendo la cámara. Es un hecho que Kubrick despreciaba a sus actores y en privado no solía llamarlos actores de hecho. Para él eran gente caprichosa, seres vagos, infantiles e ingobernables a los que costaba mucho doblegar. Le resultaba aberrante que una persona pudiera plantarse ante otras y fingiera emociones a voluntad casi hasta las lágrimas, recuerda en el libro Michael Herr, uno de sus co-guionistas y colaboradores más cercanos.
Sin embargo, desclasificando los archivos, a Kubrick se le ve más cercano a sus actores que eso. Al menos en imágenes, como descubriendo la relativa sexualidad de Sue Lyon (una de las actrices sin talento más bellas del mundo) o sorbiendo la dignidad de Humbert en Lolita. Kubrick exacerbó la genialidad de Peter Sellers –su factotum- que brilla acá como el diabólico Quilty. Desde atrás (en las fotos) aparece el director diciéndole a la chica cómo ser una ninfa, enseñándole a James Mason el arte de matar a mansalva y en general viviendo su propia obsesión como Nabokov. Puro preciosismo reality, de long time ago. El de vivir desde las entrañas del set la misma intimidad del ajedrez que Kubrick jugaba entre escena y escena.
En Dr. Strangelove el mismo estremecimiento que da desde los créditos la cópula de los bombarderos en vuelo se repite en la instantánea morbosa de reconocer a Sellers como el Presidente más poderoso y solitario del mundo, a Sellers de nuevo como un torpe oficial con la historia de la humanidad en sus manos y a Sellers otra vez como un científico robotizado y filántropo igual al Reich. Los Archivos de Kubrick no escatiman en material para regocijarnos con datos de sobremesa como la orientación dramática del primer guión que tuvo la historia del bombardeo nuclear definitivo sobre la Tierra y cómo fue mutando hasta convertirse en una canalla guerra de pasteles en el Salón de Guerra.
OJOS BIEN ABIERTOS
Este carísimo libro vale cada peso. Sobretodo gracias a un material inédito, un apéndice con un detallado estudio de pre-producción de esos proyectos que el director acarició hasta su último día de vida. Lo que pudo ser y no fue Inteligencia Artificial , Napoleón , Julio César y una superproducción sobre el holocausto titulada Aryan Papers . Y como toda edición de coleccionista The Stanley Kubrick Archives trae de regalo un CD con entrevistas y 12 fotogramas de 2001: Odisea del espacio.
Entremedio están las pruebas de este científico del ensayo y error garrapateando hojas, pegando notitas con scotch con ideas de última hora en el guión, recados a sí mismo, manchones y borrones, fotografías de su agenda con letra de médico y a toda página. Ya en colores, el libro revisita momentos de 2001: Odisea del espacio, como la profunda duda existencial, el abismo ontológico en que el hombre encuentra a Dios con la forma de un Super 8 gigante al son de Wagner y donde el astronauta Bowman se enfrenta a un computador con baja autoestima camino a Júpiter. Ojalá el lector no espere encontrar un manual para entrar al mundo Kubrick, ojalá que no lo necesite. El libro es por sí solo un pasaje más del laberinto nevado que los amantes del autor transitarán hoja tras hoja. Porque página a página, viven y mueren una troupe de soldados demasiado humanos para ir a la guerra en Senderos de gloria. Ahí mismo, la mano de Kubrick dirige la sinfonía de gestos en el rostro de Kirk Douglas, sacándole peras al olmo egocéntrico de Espartaco en los albores de esa lucha de caracteres que le valió a ambos una amistad del tipo Herzog-Kinski. Después el buscavidas Barry Lyndon dispara su último cartucho en la cinta homónima, Gommer Pyle encarna algo más que la objeción de conciencia contra el sistema militar en Nacido para matar y el bueno de Johnny, un escritor desquiciado por el síndrome de la hoja en blanco, se desvela por las voces de un hotel perdido en las montañas durante un mortal resplandor. Así hasta descifrar las últimas claves de Ojos bien cerrados, el gran final sobre el que cae el telón en la vida Kubrick. Después de cruzar casi toda la historia de la humanidad como un Forrest Gump ilustrado. Y desde allí al infinito.