| Borges y su pertenencia
Borges asocia azar a todo aquello que es irracional o caótico, a lo que excede la capacidad racional del ser humano. La lotería de Babilonia propone un mundo regido por un infinito juego de azares; La señora mayor propone una causalidad remota; en El informe de Brodie se describe una anulación de la causalidad.
En la década del '20 Boedo y Florida fueron dos grupos literarios antagónicos. Los escritores de Boedo (Roberto Mariani, Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, Enrique Amorim, Lorenzo Stanchina, Álvaro Yunque, entre otros) eran, en su mayoría, descendientes de inmigrantes, de izquierda, con una visión social del arte y estaban nucleados en revistas como Dínamo, Extrema Izquierda y Los Pensadores. Formaron el primer movimiento de literatura realista y social que se dio en Argentina, alrededor de la Editorial Claridad, de Antonio Zamora. El grupo de Florida (Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Norah Lange, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Nicolás Olivari, Conrado Nalé Roxlo, entre otros) estaba nucleado en las revistas Proa y Martín Fierro, era más elitista y promovía una estética vanguardista. Pero esta separación no era tan tajante: Nicolás Olivari, fundador del grupo de Boedo, se pasó más tarde al de Florida; Raúl González Tuñón, de Florida, construyó sin embargo una poesía de temática social y Roberto Arlt solía frecuentar las tertulias de ambos grupos. Borges, que en su madurez solía calificar a la polémica de Boedo y Florida como una broma literaria, publicó el 30 de septiembre de 1928 en el diario La Prensa un ensayo sobre el tema: La inútil discusión de Boedo y Florida.
Doctrina religiosa y filosófica karmática, muy difundida en Oriente y aparecida en el siglo V A.C., gracias al Buddha o 'el Lúcido', príncipe de Nepal. Está basada en 'Cuatro Verdades', detrás de las cuales se encuentra el nirvana (el sufrimiento, su origen, su curación y el medio para llegar a la curación). Cuando se llega al nirvana los actos que entretejen el karma dejan de proyectar su sombra y se logra la libertad. Borges, devoto intelectual de esta doctrina, admiraba su amplio grado de tolerancia y le dedicó diversas conferencias y un importante estudio, ¿Qué es el budismo?, escrito en colaboración con Alicia Jurado.
En su aspecto práctico, la cábala es un conjunto de operaciones hermenéuticas y criptográficas que intenta una aproximación directa a dios a través del minucioso estudio de las letras que componen la Torah. Los cabalistas intentaron una interpretación de las Escrituras basada en cálculos de las letras hebreas que la componen. Este modus operandi (más que la doctrina espiritual) cautivó a Borges, es decir, la concepción de que mediante un método sistemático basado en la combinación de elementos mínimos se puede acceder a una revelación mística. Borges le dedicó un ensayo de su libro Discusión (Una vindicación de la cábala) y diversas conferencias, como las incluidas en Siete noches.
En su obra, Borges se mostró siempre preocupado por entender las leyes del universo. En su obra muestra la oposición entre el inevitable caos del mundo y la insistencia del hombre por abarcar una totalidad ordenada o un cosmos, intentando una y otra vez entender lo inexplicable, el azar y la locura.
Borges no disfrazó la realidad para recrearla sino que recreó los espejos que disfrazan esa realidad. Los espejos sugieren en su obra un ámbito de temida irrealidad que abre posibilidades perturbadoras. Símbolos de la multiplicación humana, aparecen para él como un hálito de pudor. En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius se puede leer la famosa frase: "los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el números de los hombres".
En 1925 Borges conoce a Victoria Ocampo, líder del Grupo Sur y que en 1931 funda la revista con el mismo nombre. Borges fue figura prominente del movimiento y asiduo colaborador de la revista desde los primeros números. Entre los otros narradores del Grupo Sur, se destacaron: José Bianco y Ernesto Sabato (quien, en Sobre héroes y tumbas llegó a utilizar como personaje alegórico al propio Borges). En el grupo estuvieron también: María Luisa Bombal (escritora chilena) y Silvina Ocampo. Fuera del grupo pero dentro del mismo ámbito cultural se puede incluir a Juan Carlos Onetti, por La vida breve; a Julio Cortázar, por Los reyes y Bestiario y a Augusto Roa Bastos, por El trueno entre las hojas e Hijo de hombre. (Ver más sobre Sur en Revistas y diarios).
El motivo del laberinto es un tema recurrente en sus cuentos, ya sea como símbolo o como edificio real, además de representar el estilo circular de escritura borgiana. Cifra del desconcierto y la perplejidad del hombre, la imagen del laberinto vertebra.La casa de Asterión; La muerte y la brújula y El jardín de senderos que se bifurcan.
En marzo de 1919 apareció en la revista Grecia y en la prensa madrileña un manifiesto de jóvenes liderados por Cansinos-Asséns (inventor la palabra ultraísmo) y asistentes al Café Colonial, donde postulaban la necesidad de una renovación literaria. Entre otros, pertenecieron al movimiento, Isaac del Vando-Villar, Guillermo de Torre, Pedro Garfias, Adriano del Valle, José Rivas Panedas, Xavier Bóveda, Gerardo Diego y el mismo Jorge Luis Borges. La idea, que no se logró, era la de modificarse continuamente, como reacción a los seguidores del modernismo. El ultraísmo español se nutrió de diversas fuentes y disciplinas como la pintura (futurismo, cubismo, dadaísmo, expresionismo) y estaba abierto a todas las novedades. Se caracterizaba básicamente por el humor, el uso de metáforas, la supresión de adjetivos inútiles y el uso del lenguaje sintético. Su obra se encuentra fundamentalmente en las revistas Grecia, Cervantes, Ultra, Cosmópolis, Tableros y Alfar. Cuando Borges regresó a Argentina en 1921, trajo con él los rasgos más significativos de la renovación ultraísta y los presentó como programa estético. Ese año apareció en la revista Nosotros su artículo Ultraísmo (donde sintetizaba los principios del movimiento) y, un año más tarde, publicó allí una antología con poemas ultraístas. Sin embargo, en 1966, Borges juzgaría el 'dogma de la metáfora' como falso, pues "basta un solo verso no metafórico para probar que la metáfora no es un elemente esencial, concluyendo en que el error del ultraísmo (...) fue el de no haber enriquecido, el de haber prohibido simplemente. Por ejemplo casi todos escribíamos sin signos de puntuación. Hubiera sido mucho más interesante inventar nuevos signos, es decir enriquecer la literatura (...) el ultraísmo fue una revolución que consistía en relegar la literatura a un sola figura, la metáfora...".
El tiempo y sus posibilidades lúdicas constituyen uno de los pilares centrales de la obra de Borges. Un poema temprano de Fervor de Buenos Aires, El truco, propone ya al lector la concepción cíclica del eterno retorno. El estudio y la negación del devenir temporal es el propósito central del ensayo Nueva refutación del tiempo. Historia de la eternidad y El tiempo y J. W. Dunne proponen el análisis de la regresión infinita y de las series temporales. En la construcción narrativa, el tiempo puede asumir facetas sorprendentes, desde la percepción de uno detenido y personal en El milagro secreto hasta la confluencia de la tríada temporal en la visión del Aleph en el cuento homónimo. El tiempo, en definitiva, es el camino que acerca al hombre hacia su muerte; todo intento de refutación en Borges constituye un artificio que cambia el destino personal.
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