Libros antiguos, Primeras ediciones, Literatura Americana, Literatura Europea, Literatura y arte
Contra las leyes.
A partir de hoy pende de un cordón de crín En torno a mi cuello el reloj de las horas; A partir de hoy cesa el curso de las estrellas Cesan el Sol, el canto del gallo y la sombra,
Y todo lo que alguna vez me anunció el tiempo, Todo eso es ahora mundo y sordo y ciego;- Silenciosa se mueve toda naturaleza Al tic-tac de la ley y dell reloj:
(F. Nietzsche)
Bienvenido a 1690 Tierra Adentro, un sitio que le permitirá ser parte del apasionante mundo del coleccionismo del libro antiguo, raro, curioso y descatalogado.
Seguramente si usted nos encontró quiere decir que los libros forman parte de su vida, de una manera muy particular, donde el olor de lo antiguo, el polvo de bibliotecas sobrevivientes y la imagen de sus custodios, son sensaciones que siempre han formado parte de su vida.
Video Jorge Luis Borges - La Ceguera, Conferencia dictada por Jorge Luis Borges, el 3 de agosto de 1977 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.
NOTA Sobre la inexistencia de Jorge Luis Borges
A comienzos de los años '80, intelectuales y medios europeos comenzaron a divulgar una noticia increíble: que el escritor argentino en verdad no existía.
Año 1981. Diario italiano Il Messaggero: una gran foto de Borges, y debajo un titular: "El inexistente". El autor de la nota era nada menos que el escritor Leonardo Sciascia. La noticia, con fuente en el suplemento literario del semanario francés L’Express, refería que Jorge Luis Borges había sido una invención de un grupo de escritores, entre quienes estaban Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Marechal y Manuel Mujica Láinez. Para darle vida a esta especie de obra colectiva habían recurrido a los oficios de un actor de segunda línea llamado Aquiles Scatamacchia ("¡Qué nombre de comedia del arte!", exclama Sciascia).
Escribía Sciascia: "En cierto sentido –en un sentido propiamente borgeano– Borges se la buscó. Su instar al olvido, a la inexistencia, al deseo de ser olvidado, al no querer ser ya Borges, de alguna manera y con los aires que soplan en el periodismo, no podía sino generar la noticia de que Borges no existe". Según el escritor italiano esta noticia es "una invención que está en el orden de sus propias invenciones", una fabricación que podría haber tenido como autor a Borges mismo.
Un error de la ilustre publicación francesa contribuyó involuntariamente a la "inexistencia" del argentino, ya que lo rebautizaba "José Luis Borges".
Sciascia no fue el único escritor italiano que se ocupó del tema. Antonio Tabucchi opinó al respecto: "La información era tan borgeana que se volvía divertida, incluso pensé en seguida que detrás de ese rumor no podía estar otro que el propio Borges". Tabucchi recuerda que Borges irónicamente declaraba ser una invención de Roger Caillois, el escritor y traductor que lo descubrió y lo hizo popular en Francia. En una entrevista, Borges agregaba: "En Francia, en Sudamérica y en Buenos Aires también. Nadie me conocía antes".
Criaturas creadas
Borges mismo no fue ajeno a la invención de escritores apócrifos. De su fantasía surgieron Herbert Quain, Pierre Menard, Honorio Bustos Domecq, Benito Suárez Lynch; creadores de ficción y personajes ficticios a la vez. El "Examen de la obra de Herbert Quain" es una reseña imaginaria de la imaginaria obra del irlandés; Menard, un poeta francés de comienzos del siglo XX que intentaba escribir el Quijote; Domecq fue una creación conjunta de Borges y Bioy Casares –bautizado así a partir de los apellidos de sus respectivos bisabuelos– autor de relatos policiales humorísticos, así como el menos conocido Benito Suárez Lynch. En un paroxismo de lo ilusorio, cancelados ya totalmente los límites entre lo real y lo ficticio, Domecq llegó a tener su propia biógrafa, Adelma Badoglio, quien contaba que el escritor había nacido en Pujato, Santa Fe, y se había dedicado a la docencia.
José Saramago se unió también a este juego virtual. En El año de la muerte de Ricardo Reis, Ricardo regresa a Portugal tras la muerte del poeta Fernando Pessoa. En la biblioteca del trasatlántico en el que viajaba desde América encontró un libro de Herbert Quain, The God of the Labyrinth. Se sintió atraído por su título y quiso conocer de qué dios y de qué laberinto se trataba, pero descubrió "una simple novela policíaca, una vulgar historia de asesinato e investigación". Saramago declaró en una entrevista que, como en su novela él no había aclarado que ésta era una referencia a Borges, seguramente unos cuantos críticos literarios en Portugal estarían tratando de dilucidar quién era este nuevo autor y buscando desesperadamente las obras de Herbert Quain.
También el escritor alemán Gerhard Kopf proclama No existe Borges desde el título de su novela publicada en 1993. El narrador de la historia es un profesor en viaje a un congreso en Malasia para defender su hipótesis de que Don Quijote no había sido escrito por Cervantes sino por William Shakespeare. En el avión conoce a un pasajero argentino que le dice que Borges es una invención, "historias, nada más que historias". La novela describe una serie de encuentros oníricos con el escritor en un oscuro corredor de hotel
NOTA Lo que el librero nunca le contará (*)
Aunque es costumbre de la Casa no aceptar consejos y tampoco darlos, por esta vez vamos a hacer una excepción. Lo cierto es que es extraño que todavía no se haya publicado un manual de cortesanía o de etiqueta y decoro social, para que usted aprenda, exactamente, cómo debe tratar a su librero. Intentaremos, en la medida de lo posible, llenar este inexplicable vacío.
Primera norma: debe tratarlo con la generosidad de un príncipe napolitano. Efectivamente, estas librerías que usted conoce (sabe de lo que estoy hablando –pequeños escaparates que exhiben libros sorprendentemente convencionales, escritorios de madera y estanterías en roble claro; alfombras y moquetas y, en ocasiones, parqués; atmósferas más privadas que acogedoras; y clientes que afirman, en un tono de voz demasiado alto, su intransigencia respecto a un centímetro menos de margen-) estas librerías, y siento desengañarle si alguna vez fue tan ingenuo como para creer otra cosa, no son entrada, si no barrera, frontera y tierra de nadie diseñada, precisamente, para impedir que usted encuentre lo que busca. Atravesar este campo minado de libros, digamos, "normales" no va a resultarle demasiado fácil.
Segunda norma: al librero, generalmente, no le interesa el dinero y, por lo tanto, le molesta, e incluso le repugna, hablar de precio. Regatear, entonces, podría ser un error fatal. A no ser que usted sea masoquista y, verdaderamente, le guste que le traten mal, le recomiendo encarecidamente que no lo haga. Un comentario desafortunado en este sentido le invalidará inmediatamente como posible cliente. El resultado es que nunca encontrará lo que busca y el librero se complacerá en hacerle pagar caros los deshechos que había pensado regalar a la biblioteca de un hospicio. Tampoco será extraño que, tras escribir cuidadosamente su nombre, si dirección y el libro que busca, tire el papel a la basura antes que usted haya salido de la librería. Recuerde a Ramón Gómez de la Serna "Intentar ahorrar a toda costa es una de las cosas que más envejece".
Tercera norma: el librero no tiene, a diferencia de un vendedor de aspiradoras, clientes. Tiene amigos y enemigos. Le conviene ser amigo suyo. No le pregunte nunca como va el negocio (ni esto es negocio, ni puede ir nunca bien), por su familia (el gremio tiene una altísima tasa de divorcios), ni de donde ha sacado los libros (eso se cuenta sólo a la Guardia Civil y cuando no queda otro remedio), ni por qué se dedicó a esto (es algo que el librero se cuestiona todos los días de su vida), ni ninguna otra pregunta idiota. Si usted quiere ganar su amistad le recomiendo regarle una Montblanc de gama media, unas chuletas de cordero lechal o una simple llamada telefónica el día de su santo. Tener un amigo librero es una magnífica inversión, usted no se puede imaginar a la gente que conoce, ni todo lo que puede conseguir con una carta.
Cuarta norma: el librero, aunque sea por capilaridad, sabe bastante más que usted. No le explique que ese libro ya lo leyó usted en el año 62. Sea humilde y recuerde esa noble inscripción de la Alhambra de Granada "Si me dices que no sabes, te enseñaré hasta que sepas. Si me dices que sabes, te preguntaré hasta que no sepas".
Quinta y penúltima norma: en la medida de lo posible no nos toque las pelotas. Hacemos, para conseguirle un libro, cosas que no se podrían comentar en un colegio. Respete nuestro trabajo. Somos algo más que una máquina donde usted echa el dinero y salen los libros. Tenemos nuestro corazoncito como todo el mundo.
Corolario: la paciencia del librero, como la provincia de Cuenca, tiene límites.
(*) www.bibliofilia.com
NOTA Libros donados por el General Don José de San Martín a la Biblioteca de Lima
Cuando San Martín se trasladó de Cádiz a Buenos Aires, trajo consigo su biblioteca. A esta, la conservó en Buenos Aires, y resolvió transportarla a Mendoza, cuando fue designado para el cargo de intendente de Cuyo.
Estando allí, y una vez resuelta la campaña libertadora de Chile, encajonó estos libros y se los llevó consigo a Santiago. Antes de transportarlos, procedió al inventario de ellos, y sobre el cuaderno destinado para dicho objeto, de su puño y letra escribió: “Estos cajones de libros se hallan en Santiago en poder de Don Paulino Camell, los que en caso de mi fallecimiento se entregarán a mi esposa doña Remedios Escalada”.
Resuelta a su vez la campaña libertadora del Perú, San Martín decidió no separarse de esos libros, y transportó a aquellas playas la biblioteca que tenía encajonada en Santiago.
Estando en Lima, y establecido el Protectorado peruano, procedió a la formación de una biblioteca nacional, y, con tal motivo, todos sus libros fueron donados por él a esta institución. (28 de agosto de 1821)
San Martín no se preocupó de hacer una clasificación rigurosa y metódica de su biblioteca. Se contentó con enumerarlos según la distribución hecha por él en distintos cajones, y en tal tarea ha omitido el nombre del autor o se contentaba con insinuar apenas el titulo de la obra.
El incendio en la Biblioteca Nacional de Lima en 1943, respetó únicamente a siete de los seiscientos volúmenes que San Martín donara. Los salvados del incendio, son libros franceses, en los cuales el prócer estampó su firma autógrafa y su ex libris.
NOTA Un argentino en Lost
La semana pasada se emitió en EE.UU. el cuarto capítulo de la cuarta temporada Lost, serie que desvela a millones de personas en todo el mundo. En una escena uno de los personajes aparece leyendo un libro: "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares. La editorial que tiene los derechos de la novela en EE.UU. se vio venir el fenómeno y la reeditó. Hoy ya figura entre los cien libros más vendidos de suspenso en Amazon.com.
A pesar de haber fallecido a finales de los 90, este hombre causó una revolución entre los fanáticos de la exitosa ficción ya que su trabajo aparecerá en la nueva temporada…
James "Sawyer" Ford, uno de los personajes principales de la exitosa serie Lost (Perdidos) interpretado por el actor Josh Holloway, aparecerá durante el cuarto capítulo de la mencionada ficción leyendo "La invención de Morel", una novela escrita en 1940 por el autor argentino Adolfo Bioy Casares.
Este clásico de la ciencia ficción en idioma español es quizás la obra más famosa, de Bioy Casares, a la cual el prestigioso y recordado Jorge Luis Borges calificó como "perfecta" en el prólogo de la misma.
El argumento de "La invención de Morel" gira en torno a un fugitivo de la justicia que arriba a una isla desierta en algún lugar del Océano Pacífico, trama muy parecida a la que se desarrolla en la ficción que estelarizan, además de Holloway, los artistas Matthew Fox, Evangeline Lilly, Terry O'Quinn, Naveen Andrews, Henry Ian Cusick, Jeremy Davies, Emilie de Ravin, Rebecca Mader, Elizabeth Mitchell y Daniel Dae Kim, entre otros.
Como este particular hallazgo se conoció antes del debut de la cuarta entrega del multipremiado producto creado por Jeffrey Lieber, Jeffrey Jacob Abrams y Damon Lindelof, la editorial que posee los derechos del libro en Estados Unidos preparó un gran número de ejemplares para recibir el aluvión de fanáticos, los cuales, a través de Internet, ya transformaron esta perla de la literatura en un nuevo best seller.
Concurso 1690 Tierra Adentro organiza el primer concurso para encontrar la cubierta más interesante.
El premio será la primera edición del libro de Julio Cortazar, "Fantomas contra los vampiros multinacionales", edición los libros GENTESUR, 1989. Final del concurso 31/07/2008.